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Fuerza y Honor

Roma «La Ciudad Eterna»

Esta debería ser una historia de logro, de alegría, de éxito… pero a veces las cosas no salen como nos gustaría.

Roma, no necesita presentación, probablemente sea una de las ciudades más bonitas del mundo, un museo al aire libre que te hace perderte en cada rincón.

Coger fuerzas con una porción de pizza «Taglio» mientras pateas por sus calles, disfrutar de un «Gelato«, sentarte en una terraza a tomar un café con un croissant relleno de crema de pistacho, ver atardecer desde la Piazza di Spagna, el Panteón…. Viajar y disfrutar son dos palabras que a menudo van juntas, pero si además sumas Roma la mezcla es insuperable.

La parada de Roma estaba en rojo en el calendario porque era nuestro viaje del año, un viaje inolvidable donde sumergirnos en la historia. Como dice un gran amigo «Puedes ir las veces que quieras a Roma y siempre te quedará algo por ver, y si no, lo volverás a ver».

Nosotros teníamos un gran itinerario, diseñado por nuestra experimentada agente de viajes, una semana para conocer las maravillas que atesora esta ciudad… sentarte y respirar historia dentro del gran Coliseo, ayudarte de la realidad virtual para conocer el Circo Máximo en su máximo esplendor, además de visitar el estado más pequeño del mundo, lleno a su vez de grandes joyas.

Y como fiesta final el reto deportivo del año «La Maratón de Roma«.

Sábado por la mañana, las vallas empiezan a florecer por las principales calles y por las inmediaciones del Anfiteatro Flavio (que es el nombre del Coliseo), los runners que correrán a la mañana siguiente, están inmortalizando el momento con las camisetas conmemorativas de la carrera.

Dia de tranquilidad y cargar fuerzas porque el domingo «Es día de carrera«.

Amanece fresca y nublada la mañana, todo el circuito ya está cerrado y la organización nos pide a los corredores madrugar un poquito para pasar el control de seguridad antes de las 7 am, se esperan unas 25.000 personas. Una vez dentro, buscar un rincón donde resguardarte hasta que se acerque la hora de salida en mi caso las 8:10 am. Después de los rituales del día de carrera, me coloco en mi cajón de salida.

Rodeado de corredores de todo el mundo dan las 8 de la mañana, comienza la maratón de Roma, aviones atraviesan el cielo dibujando a su paso la bandera de Italia… salen los primeros corredores, la élite que disputará la prueba.

Reloj en mano comienza la carrera para mí, la animación es increíble, muchísima gente motivando y las ganas por las nubes, cruzo el arco de salida, pero la mala suerte me estaba esperando apenas 200 metros después. De repente todo se acaba, como si de una película a cámara lenta se tratara voy al suelo, me acabo de torcer el tobillo derecho…

La alegría se convierte en tristeza, la motivación en rabia y la euforia en desesperación. El sueño de tantos meses atrás, el esfuerzo de los kilómetros recorridos, las madrugadas, el frio…. todo se acaba de desvanecer.

Con las lágrimas en los ojos y los puños golpeando al suelo me levanto, tengo molestias, no se si voy a poder correr, comienzo a trotar de manera suave, me encuentro a mi mujer que me intenta tranquilizar y sigo trotando suave para ver si todo ha sido un susto.

Aunque pasan los kilómetros tengo molestias, y lo que debía ser un equilibrio de sufrir-disfrutar, balance normal de una carrera de larga distancia, se está convirtiendo en una guerra entre continuar y abandonar.

Kilometro 15, mis esperanzas de que todo hubiera sido un susto han sido en vano. Ahora ya sé que estoy lesionado, no conozco el alcance de mi lesión, pero si continuo las molestias me van a acompañar toda la carrera y además puedo agravar mi lesión si tengo algún otro percance. Durante unos metros mi mujer corre a mi lado dándome todo su apoyo y ánimo preocupada por mi estado. Estos son los kilómetros más duros de la carrera porque me queda más de la mitad y no se si podré correr un kilómetro o ninguno.

Momentos de pensar en todas las personas que en la distancia me están animando, algunos ya saben que estoy lesionado y me intentan enviar toda su fuerza para que pueda continuar. Sigo sumando kilómetros poco a poco, me protejo el pie de irregularidades e intento controlar todo el tiempo la pisada para no forzar.

Kilómetro 35, me quedan poco más de 7 kilómetros, suena la que es para mí una de las bandas sonoras más bonitas del cine, «La Vida es Bella«, y con ello afronto la parte final del recorrido en la que atravesaré lugares como: Piazza del Popolo, Piazza de Spagna o Piazza Navona antes de llegar de nuevo a la Via dei fori Imperiali donde el arco de meta me está esperando para convertirme en “Finisher de la maratón”.

Kilómetro 42, siento una gran liberación, 195 metros y ¡se acabó!, los ánimos de la gran cantidad de público que rodea la parte final del circuito me empujan hasta el Monumento a Víctor Manuel II, conocido popularmente como «la máquina de escribir«. Ya puedo tocar el arco y de nuevo sobre todos los aplausos mi mujer grita mi nombre «¡lo hemos conseguido!«, ha sido durísimo, ni en el peor escenario pude imaginar que mi sueño llamado «Maratón de Roma» se convertiría en una pesadilla

Algunos me han dicho que estoy loco, que tenía que haber abandonado, otros me dicen que ha sido asombroso e incluso épico. Ahora que todo pasó, solo pienso en recuperarme de mi lesión y aunque me esperan unos cuantos meses sentado en el banquillo, no me arrepiento de lo que hice, porque me demostré a mí mismo que la mente es el órgano más potente y que no hay mayor dolor que arrepentirse eternamente de no haberlo intentado.

Nuestro viaje a Roma acabó, pero aún con la lesión, el balance del viaje ha sido increíble y quién sabe porque, al fin y al cabo…

“todos los caminos conducen a Roma”

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No es valiente el que no tiene miedo, sino el que sabe conquistarlo.

Nelson Mandela

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